Working paper
De lo que no te han dicho sobre la lengua vasca con algunas preguntas para Joseba Lakarra y Joaquín Gorrochategui
Iowa Research Online
2025
DOI: 10.17077/pp.006724
Abstract
<p>Es un lugar común de la lingüística histórica vasca la afirmación de que el artículo determinado es entre nosotros de introducción relativamente reciente, como lo es en las lenguas románicas o germánicas. Pero aquí, lo mismo que mucho antes en griego, su aparición es un hecho documentado, mientras que en vasco se trata de una presunción más o menos plausible (más bien más que menos) referente a la prehistoria de la lengua. (Michelena, 1978: 208) </p>
<p>No sabemos cómo era el vasco del s. III d. C. En aplicación de los principios usados universalmente en lingüística histórica podemos reconstruir algunas estructuras del pasado: tenemos una idea de la procedencia demostrativa del artículo y una hipótesis (ciertamente falsable) sobre el momento de su creación; también pensamos que los pronombres intensivos son combinaciones de los pronombres personales más demostrativos […]. (Gorrochategui, 2012 [2007]: 65) </p>
<p>Aquí, como en cualquier discusión científica, el único principio razonable es que las teorías, por muy sugestivas que parezcan deben ceder siempre a los hechos. […] En el terreno de la teoría, nadie negará que un puñado de hechos bien verificados vale por cualquier edificio de hipótesis, por muy ingeniosamente que haya sido construido. (Michelena, 1964a: 37, 73) </p>
<p>Las evidencias de la falsedad son tan palmarias que resulta doloroso explicar lo obvio, apuntó el catedrático Joaquín Gorrochategui. Y la sentencia de Joseba Lakarra es contundente: “Sobre falsedades y mentiras no se puede construir la historia del euskera. (Vega, 2008) </p>
<p>Cuando analizamos los estudios diacrónicos dedicados a trazar la historia de este fenómeno, es decir, encaminados a precisar la horquilla de tiempo correspondiente a la consolidación de la supuesta categoría de ‘artículo definido’ vasco, se nota que los filólogos parten de la siguiente suposición: que la tradición grafica de escribir el morfema -a unido al radical o al sintagma nomina era suficiente para alegar que ya no fungía como demostrativo de tercer grado sino como ‘artículo definido’. Y dicen que este cambio ortográfico demuestra la gramaticalización del demostrativo de tercer grado. Dicho de otra manera, alegan que una vez documentados ejemplos por escrito del morfema -a unido al sintagma nominal, el demostrativo de tercer grado había dejado de ser demostrativo y se había convertido en ‘artículo definido’. Según ellos, se había gramaticalizado. </p>
<p>Que yo sepa, no se ha barajado la posibilidad de que ésta no sea nada más que una tradición gráfica cuya razón de ser era otra: que la costumbre de escribir el morfema -a soldado al radical era una solución a que llegaron los que se esforzaban por escribir en euskera. Era una manera de solventar el problema que enfrentaban al intentar expresar por escrito lo que se decía y se entendía oralmente. Pero era un proceso que se consolidaba gradualmente a través de varios siglos, casi imperceptiblemente, y aunque sin que los autores se pusieran de acuerdo. Era un intento de distinguir entre dos clases de funciones que cumplía el demostrativo de tercer grado, funciones que en la lengua hablada se distinguían porque se pronunciaban de una manera ligeramente diferente. Más concretamente, me refiero al hecho de que cuando se pronunciaba el demostrativo de tercer grado, es decir, (h)a(r), destacando su papel deíctico, llevaba acento mientras que era inacentuado cuando cumplía otra serie de funciones, más bien expresivas—por ejemplo, la de señalar que se trataba de información o algo que los dos interlocutores ya conocían, que era de conocimiento común (‘common knowledge’) o algo a que se había aludido antes discursivamente. Por lo visto, los filólogos que han utilizado esta costumbre ortográfica como prueba de la llamada gramaticalización del demostrativo de tercer grado. A la vez no han reconocido la gran gama de usos expresivos que tienen los demostrativos vascos y los de otros idiomas, sobre todo los demostrativos de lenguas aglutinantes como es el euskera. </p>
<p>En interacciones conversacionales, es decir, de cara-a-cara, la diferencia entre las dos clases de funciones, las deícticas y las expresivas, se captaba fácilmente por la presencia o ausencia del acento—porque se percataba oralmente. Luego cuando el euskera empezaba a escribirse, los escritores tenían que buscar otra solución. Y la solución a que llegaban para captar por escrito la diferencia semántica que conllevaba la elección de una u otra clase de funciones, era visual, gráficamente visible al escribir el morfema -a unido al sintagma nominal. De esta manera, solucionaron el problema de encontrar una forma de poder marcar esta diferencia por escrito. En fin, al final optaron por reflejar la diferencia por medio de un patrón con dos convenciones gráficas contrastivas. </p>
<p>Esta interpretación del proceso por medio del cual terminamos con el morfema -a soldado al sintagma nominal se ve reforzado si recordamos lo que pasa con el dialecto vizcaíno donde el demostrativo de tercer grado sigue siendo a. Oralmente, se marca la diferencia entre el morfema -a empleado deícticamente y su empleo expresivo de manera suprasegmental, es decir, con o sin acento. Y por escrito, la solución a que llegaron ha sido unir el morfema -a al sintagma nominal cuando funciona para marcar los usos expresivos del demostrativo. </p>
<p>Tenemos otra prueba de esta tendencia de distinguir por escrito entre usos deícticos y expresivos en el hecho de que históricamente se documentan casos del demostrativo de primer grado (hau) y el de segundo grado (hori) unido al sintagma nominal cuando lo que señalaban era el uso expresivo del demostrativo, por ejemplo, en el Cantar de Bretaña. No obstante, esa costumbre de marcar la diferencia de estos dos demostrativos por escrito no sobrevivió. O, mejor dicho, solo se perpetuó a medias en el caso de hau ya que los usos expresivos del demostrativo de primer grado se han mantenido en el llamado plural de cercanía (urbila): -ok (hauek > (h)ok) se escribe unido al sintagma nominal. </p>
<p>Estos y otros aspectos de los demostrativos vascos serán analizados con detenimiento en las páginas que siguen. Además, veremos que la existencia del ‘artículo definido’ vasco se considera un hecho, no una hipótesis. A pesar de basarse una serie de suposiciones nunca articuladas explícitamente, su validez nunca ha sido seriamente cuestionada hasta ahora, por lo menos que yo sepa. A partir de 2008, la teoría del llamado ‘artículo definido’ ha sido manejada astutamente por los dos filólogos vascos, Joseba Lakarra y Joaquín Gorrochategui, en los argumentos pro-falsedad que han esgrimido con respecto a las inscripciones en euskera encontradas en el yacimiento de la ciudad romana de Iruna-Veleia. Este es un tema que será abordado en el último apartado de la presente investigación. </p>
Details
- Title: Subtitle
- De lo que no te han dicho sobre la lengua vasca con algunas preguntas para Joseba Lakarra y Joaquín Gorrochategui
- Creators
- Roslyn M Frank (Author) - University of Iowa, Spanish and Portuguese
- Resource Type
- Working paper
- DOI
- 10.17077/pp.006724
- Publisher
- Iowa Research Online; Iowa City, Iowa, USA
- Number of pages
- 172 pages
- Copyright
- Copyright © 2025 Roslyn M. Frank
- Language
- Spanish
- Date published
- 2025
- Academic Unit
- Spanish and Portuguese
- Record Identifier
- 9984968261802771
Metrics
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